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Chloris spp. Un problema en franca expansión

En lotes con elevada infestación de este grupo de malezas, se registraron pérdidas superiores al 80% en distintos cultivos estivales.

El éxito de las malezas en los sistemas agrícolas depende de los atributos que le confieren capacidad para sobrevivir a los disturbios y ajustarse a la oferta ambiental. Por ejemplo, las labranzas y la aplicación de herbicidas en los cultivos pueden provocar cambios cuali y cuantitativos en la comunidad de las malezas. En Argentina, más del 70% de la tierra cultivada es manejada bajo siembra directa. En dichos sistemas, las gramíneas anuales se han constituido en uno de los principales problemas de malezas. Dentro de éstas, especies de los géneros Echinocloa, Chloris y Sorghum han comenzado a adquirir importancia en los sistemas agrícolas del área central Argentina. 

Chloris spp.

La presencia y abundancia de especies del género Chloris está aumentando en lotes de producción. Es importante destacar que dentro del género Chloris, en Argentina existen al menos 15 especies a las que habría que sumar las correspondientes al género Trichloris y otras especies pertenecientes a la tribu de las Chlorideas, de las cuales algunas son anuales, otras son perennes y no son homogéneas en cuanto su distribución geográfica así como tampoco en lo referentes a su respuesta a herbicidas. Esto complica significativamente su estudio y su manejo, ya que no se cuenta con alternativas tecnológicas uniformes o estándar, al menos en la medida que los usuarios de la tecnología pretenden o demandan. Su presencia en los sistemas productivos agrícolas no es una novedad, ya que Lorenzo Parodi, en su tesis de grado en el año 1919 en la UBA, cita para la formación pampeana a Ch. ciliata, Ch. virgata, Ch. argentinensis, Spartina spp. y otras. Dentro del género Chloris, existen especies herbáceas, de ciclo primavero-estival, cespitosas y en algunos casos estolonífera, de hasta 1 m de alto. Florecen de septiembre a marzo. Se reproducen fácilmente por semillas y por estolones. Se adaptan a un amplio rango de ambientes, desde zonas húmedas hasta desérticas tropicales. Son capaces de vivir con tan sólo 300 mm de precipitación anual, aunque su óptimo está en los climas tropicales y subtropicales con máximos estivales y un periodo moderado de sequía. En lo que respecta a las temperaturas, su intervalo de medias se sitúa entre 8,4 y 27,8 ºC; no soporta las heladas fuertes o prolongadas. En cuanto al suelo, se adapta a un amplio rango de pH (4,5-8,4), prefiriendo los substratos básicos y fértiles de textura franca. No obstante, prospera sin problemas en suelos ricos en sodio, arenosos o arcillosos. En algunas zonas llega a elevada altitud (en Kenia llega a los 2.400 m). En lotes con elevada infestación de este grupo de malezas, se registraron pérdidas superiores al 80% en distintos cultivos estivales.

Chloris virgata es una hierba anual, erecta, macolladora, de 10 a 70 cm de altura. Tallo comprimido, avece doblado en los nudos, a veces ramificado, erecto, algunos recostados sobre el suelo con las puntas ascendentes y enraizando en los nudos inferiores. Hojas alternas, sispuestas en 2 hileras sobre el tallo, con las nervaduras paralelas. La vaina, en general, más corta que el entrenudo y glabra; lámina larga, angosta y plana, a veces doblada, áspera al tacto; entre la vaina y la lámina, por la cara interna se encuentra una lígula pilosa. La inflorescencia consta de 5 a 15 espigas de hasta 7 cm de largo, ubicadas todas juntas formando un verticilo en la punta del tallo. Las espigas pueden ser de color verde amarillento, plateado o púrpura, son ásperas al tacto y están compuestas de numerosas espiguillas apretadamente dispuestas sobre el eje de la espiga; de 1,8 a 3 mm de largo y 0,6 mm de ancho con aristas moradas a verdosas, con dos flósculos, uno pequeño, estéril y sin pelos y otro fértil, con muchas cerdas en el borde superior. El fruto es un cariopse fusiforme de 1,1 mm de largo, superficie casi lisa con manchas pequeñas y elípticas de color rojizo. Es una de las especies más frecuentes en el sur de Santa Fe así como en la provincia de Córdoba y sus poblaciones se encuentran en franca expansión (Figura 1).

Figura 1

 

Chloris gayana es una hierba perenne, estolonífera y macolladora de hasta 1,7 m de alto. El tallo es glabro, algunas veces ramificado, con nudos comprimidos. Las hojas presentan vainas de 4,5 a 14 cm de longitud, vilosas o escabrosas en el ápice, las superiores más cortas en los entrenudos, los márgenes sobrepuestos, lígulas membranosas, ciliadas, de 0,4 a 0,6 mm de longitud, vilosas en el dorso y a veces en los extremos, láminas aplanadas, escabrosas, hasta de 55 cm de longitud por 5 a 10 mm de ancho, generalmente vilosas detrás de la lígula. La inflorescencia es de 12 a 30 cm de longitud con espigas en número de 7 a 22 y de 7,5 a 10,5 cm de longitud, ascendentes, divergentes con el paso del tiempo y a veces, levemente falcadas distribuidas en uno o dos verticilos con una a varias espigas adicionales arriba o abajo. Las espiguillas son imbricadas y adpresas al raquis con flor inferior perfecta y de 2 a 3 masculinas o estériles, ocasionalmente la segunda perfecta; glumas subiguales de 1 a 3 mm de longitud. Flor fértil en el callo Las raíces presentan estolones. Especie relativamente frecuente en el centro-norte de la provincia de Santa Fé. 

Importancia de los herbicidas residuales en los programas de manejo de malezas

El uso de los herbicidas residuales, seguido por una aplicación de glifosato luego de
emergido el cultivo, puede resultar en un control de malezas más consistente, reduciendo el tamaño y número de malezas presentes en el momento de aplicar glifosato, además ofrece una mayor flexibilidad en la ventana de utilización de este y contribuye a reducir la magnitud del banco de semillas. Una de las mayores preocupaciones que tienen numerosos productores al momento de evaluar la implementación de pre-emergentes, es el costo. Mientras que un herbicida residual puede aumentar el costo de un programa de manejo de malezas, los beneficios resultantes en el mediano y largo plazo, a menudo compensan el costo, aumentando la eficacia en el control y el rendimiento del cultivo. 

Dependiendo de las preferencias del productor y el espectro de malezas presentes, hay varias opciones viables y disponibles para diversificar los programas de manejo de malezas en soja. Uno de ellos, consiste en aplicar herbicidas pre-emergentes residuales, seguida por otra de glifosato en postemergencia del cultivo y la maleza; esto proporciona un mayor control de malezas que una sola aplicación post. La aplicación de pre-emergentes, puede retrasar el establecimiento de biotipos de malezas latifoliadas resitentes a glifosato. La adición del herbicida residual en el programa puede proporcionar un control más consistente de malezas difíciles de controlar, retrasar el tratamiento de post-emergencia y reducir la presión de selección de biotipos resistentes.

Algunos herbicidas residuales podrían asociarse con aplicaciones en cultivos en postemergencia para mejorar el control de malezas y aumentar la diversidad de herbicidas en el programa de manejo de malezas resistentes. Las mezclas de tanque de glifosato más smetolacloro en algodón resistente a glifosato aumentaron el control de braquiaria (Urochloa platyphylla), pata de gallina (Eleusine indica), digitaria (Digitaria sanguinalis) y cola de zorra (Setaria spp.) de un 14% a un 43% en comparación con glifosato solo. Además, Vanlieshout y Loux (2000) estudiaron las interacciones de glifosato con herbicidas residuales en siembra directa y observaron que la actividad foliar de herbicidas residuales puede mejorar el control de malezas emergidas cuando se asocia con glifosato.

Fuente: INTA, Centro Regional Entre Ríos, Estación Experimental Agropecuaria Paraná-

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